lunes, 27 de julio de 2015

INGRATITUD HACIA EL GAUCHO - ALMUERZO CHICO

INGRATITUD HACIA EL GAUCHO                                                           
                                                                                     Este relato es un homenaje a la nobleza                                                                                                                         de los gauchos entrerrianos.
                                                                                                                          Oscar Pascaner
                
El gaucho fue el producto de la mestización de indios con mujeres blancas raptadas durante los malones a estancias, pueblos, fortines y caravanas.
No me detendré a analizar el derecho de los aborígenes de expulsar a los invasores porque me apartaría del tema que deseo abordar. 

GAUCHO: Mi deducción personal, -nada etimológica- me hace suponer que dicho vocablo habría surgido de unir la primera sílaba de “gauderio”, -término usado en el sur del Brasil para mencionar a hijos de indios con mujeres blancas raptadas-, y la segunda sílaba de huascho, vocablo quichua que significa desamparado o huérfano.

Cuando la joven blanca, víctima del rapto, vio que su hijo engendrado en la brutal violación del indio que la raptó, tuvo una sensación de rechazo al ver que su boca grande, su pelo renegrido, sus pómulos angulosos y sus ojos rasgados eran la fiel réplica del indio que la sometió brutalmente. 
Las indias que la atendieron en su parto pusieron al recién nacido junto al pecho de su madre, pero la joven blanca  lo rechazó. 
 - Críenlo ustedes - gritó y se tapó la cabeza con la sucia cobija.

Su resentimiento hacia el inocente cedió ante su constante berreo y la puso junto a su pecho ayudándolo para que chupe su pezón. 
Su instinto de madre superó su rencor.  
Mientras ese hijo no deseado mamaba repasó lo sucedido la noche del asalto a la estancia. Dejó su cuarto al oir la gritería del malón. Por la ventana vio los fogonazos de los trabucos de los peones en su intento de frenar al malón, pero caían bajo las puntiagudas lanzas y golpes de boleadoras de los indios. De los dormitorios le llegaron gritos desesperados de los miembros de su familia; se escondió detrás de un mueble. Allí la descubrió un indio maloliente de crenchas engrasadas que la sacó de los pelos y se la echó en su espalda y la puso sobre un caballo al que montó y la arrojó al suelo en un montecito donde la violó brutalmente. 
Debe haberse desmayado porque despertó en un camastro dentro de un toldo hecho con cueros vacunos. Una indígena le dio a beber una infusión de yuyos, algo amarga, pero la tomó para no desairar a esa mujer, a la que no le entendía lo que decía, pero se mostraba amable.

                                                            *

El niño puso su brazo junto al de su madre, y en su media lengua le preguntó por qué ella tenía la piel blanca y la de él era oscura. Su madre empalideció y lloró.
La india vieja se esmeraba en atender bien a la joven blanca y a su hijo, al que le hablaba en su extraño dialecto y él reía. Nunca rio con su madre.

Ya grandecito comprobó que su madre lloraba cada que le preguntaba por qué ella era tan blanca y, en vez de responderle, lo abrazaba escondiendo su cara  llorosa, le daba un beso, y lo mandaba a jugar con los otros chicos.

                                                       *

Con el tiempo comenzó a pensar que su madre ni él pertenecían a esa tribu.

Montado en su caballo, -regalo del indio de crenchas engrasadas- con permiso del cacique comenzó a ir a cada cacería de ganado que serviría de alimento a la tribu.

De ellos aprendió a secar la carne para hacer charque, o salarla para conservarla
hasta que decidan usar parte de ella para preparar alguna comida. Bastaba con dejarla durante una noche en agua para quitarle el gusto salado.
El pequeño mestizo observaba cómo estaquear los cueros para secarlos al sol. Después vio cortarlos en lonjas y en finos tientos con sus cuchillos. Comprendió que con esas lonjas hacían las riendas para sus caballos y las boleadoras con tres piedras forradas en cuero unidas con lonjas, que usaban para pialar a los vacunos y potros que querían cazar. También observó cómo hacían las botas de potro con el cuero de las patas de esos animales; sacaban el cuero cortándolo en círculo a la altura de la rodilla del potro, y lo sacaban entero. Sin secarlo se lo ponían en sus pies para que se les amolde.  

                                                            *

Mientras su madre dormía, o se hacía la dormida, él muchacho se proveyó de lo necesario, y sin saludarla dejó el toldo, montó su caballo y se alejó sin rumbo fijo.
Toda esa llanura le era familiar porque cuando aprendió a andar a caballo siguió a la indiada en  las cacerías de vacunos y yeguarizos (descendientes en cantidad pro-digiosa de los que trajo Pedro de Mendoza en la primera fundación de Buenos Aires).
Andando sin destino fijo dio con un arroyo, donde él y su caballo tomaron agua. Un carpincho y varias nutrias que había en las inmediaciones se metieron en el agua y se alejaron nadando.
En ese andar errabundo sintió necesidad de alimentarse. Al ver un ternero que retozaba alejándose de la manada,  taloneó su caballo y lo embistió derribándolo. Desmontó rápidamente y antes de que se reponga, lo degolló con su cuchillo. Con el ternero a horcajadas en la cruz del caballo llegó a un montecito de árboles. Juntó unas ramas, hizo fuego, mientras se asaba un costillar, terminó de cuerear el ternero y estaqueó su cuero al sol recordando que el cacique cambiaba cueros por cigarros, fósforos, ginebra, yerba, sal y otras cosas. Cuando él lo acompañó con muchos cueros vacunos y de animales silvestres, el bolichero le dio ropas, cobijas, y muchas otras cosas, y ese cuchillo que el cacique le regaló.
Él se acordaba donde estaba, pasaría por allí con el cuero del ternero.

De los indios aprendió a dejar la carne al sol para hacerla charque y otra parte la  salaban en la toldería. Cuando las mujeres querían usar un poco de esa carne, que le decían tasajo, para hacer una comida el día siguiente, la dejaban en agua toda la noche para sacarle el gusto salado.                                                                 De los indios aprendió a cortar el cuero en lonjas y en finos tientos; con cueros envolvían tres piedras medianas y las unían con lonjas de regular tamaño, para hacer las boleadoras que arrojaban a las patas del vacuno o del potro que querían atrapar.
Sentado a la sombra de uno de los escasos ombúes que había en la pampa hizo un  largo lazo con ocho tientos trenzados, mientras se  secaban al sol los cueros de unos animales silvestres que fue cazando durante su andar; tenía un vago recuerdo del sitio en el que estaba el boliche.
De su madre aprendió a hablar en castellano, sólo con ella lo hablaba.
Halló el boliche donde su dueño lo reconoció. Para no decirle que se había huído de las tolderías, dijo que vino por encargo del cacique para canjear los cueros por yerba, cigarros, fósforos, ginebra, un chiripá y otras ropas.

Así es como surge el “gaucho”, buen jinete, hábil con el lazo, las boleadoras y el cuchillo; además sabe el tratamiento del cuero y la salazón de la carne. Ocasionalmente se ofrece en un rudimentario establecimiento ganadero.
A los pocos días, su espíritu errabundo no soporta el sedentarismo y se va para seguir con su andar errabundo por la inmensidad de la pampa.

Una vez, en el boliche, compartió unas cañas con sus congéneres; después,  a la sombra de un ombú comieron un asado y tomaron mate. Uno de ellos tenía una guitarra y ejecutó en ella unos temas sureños.
-Empréstemela le dijo y ahí tuvo por primera vez la oportunidad de ver una guitarra y acariciar sus cuerdas.
-Y ¿cómo se hace pa´ sacar ese sonido que le saca usté?
- Y de oido no más –y le fue mostrando cómo cambia el sonido de la cuerdas conforme al lugar del cuellos de la guitarra en la que iba poniendo los dedos.

“Ese fue el gaucho primitivo” el que dio su sangre en las luchas para liberar estas tierras de los invasores españoles; el que moldeó el prototipo del gaucho que surgió en el siglo XVI y perduró hasta el 25 de Mayo de 1810.

Ciertas situaciones que vivió, agudizaron su instinto de permanente alerta.
  
En mi ingenuidad de niño provinciano le pregunté a mi maestra:
 -¿Por qué la Primera ni Segunda Junta de Gobierno, ni la Asamblea de 1813 no los recompensó por su aporte de bravos guerreros en las batallas para expulsar de estas tierras a los invasores españoles? -y la maestra no supo responderme y al verme que yo necesitaba una respuesta, añadió- Sobre eso ya sacarás tus propias conclusiones al leer la Historia Argentina escrita por diversos historiadores.
Queriendo saber el porqué de esa ingratitud, hoy que voy en camino a los 87 años, después de haber leído a muchos autores que escribieron sobre ese tema, no he encontrado a uno solo que me permita entender esa ingratitud.

Muchas veces el gaucho fue comparado con la figura del centauro.
Esa imagen no es arbitraria, ya que el caballo se constituyó en su amigo inseparable y su bien más preciado.
De este “gaucho primitivo” perduran algunos de sus hábitos, que suelen  verse en las fiestas en las que se honra la tradición.   
Un día, el gaucho primitivo levantó su rancho en terreno elevado, cercano a un arroyo de aguas limpias, hizo las paredes con barro mezclado con yuyos y bosta de vaca para que resistiera las lluvias, y lo techó con paja brava.
Cuando encontró la mujer que le gustaría para compañera, la conquistó.
En ese rancho armaron su familia, hasta que un día llegó la leva y se lo llevó como soldado a los fortines. Nadie asistió a su mujer y sus hijos.


La segunda etapa del gaucho: comenzó en 1815, y se extendió hasta 1846, en la que llegó el alambrado para delimitar los campos, época en que se dicta el decreto por el que todo hombre que no tenga propiedades sería reputado sirviente y estaba obligado a portar documentación (la “papeleta”) con la visa del patrón y del juez.
Ahí comienza el injusto e ingrato capítulo de “El gaucho perseguido”.
 (Nunca entendí por qué no se dictaron leyes para asimilar a la “civilización” a esos valientes gauchos, que, por propia voluntad, o por las levas, lucharon primero para expulsar a los conquistadores españoles, y después  a los aborígenes trasandinos que asolaban a las estancias y pueblos del sur. Para aquellos que desconocen el episodio de los aborígenes trasabdinos que asolaron la población de Azul y llevaron cautivas a centenares de mujeres ¿están en contra de la Ley votada por unanimidad para llevar nuestra frontera sur hasta el río Negro? De no ser así ¿de quién sería hoy la Patagonia?

La tercera etapa: la del ocaso del gaucho, en el contexto de la organización nacional y las profundas transformaciones en los campos de la Argentina.
(En ese contexto, tampoco se acordaron de los que dieron su sangre en las lu-chas por la Independencia, de sus mujeres, ni de sus hijos desamparados).

EL GAUCHO PERSEGUIDO

Había gauchos que tenían su hogar fijo (donde vivían con su mujer e hijos) y que desempeñaban tareas en establecimientos cercanos, aunque de hecho la mayoría andaba y andaba la llanura, sin otro sedentarismo que una corta temporada de “agregado” en alguna estancia (el “agregado” recibía techo y comida a cambio ce ciertos trabajos menores).

El firme desarrollo de la producción ganadera y el paulatino afianzamiento de las instituciones políticas iban creando un nuevo país, la nación moderna, donde el viejo andador de caminos, solitario e incansable viajero, ya no tenía espacio.
Lo que necesitaban, en cambio, eran hombres con su pericia y valor para el servicio estable en las estancias y saladeros.
También los necesitaban en las filas del incipiente ejército, para continuar ampliando la frontera civilizada hasta hacerla coincidir con los límites del territorio nacional, hasta integrar las extensas tierras del Sur que seguían en   poder de los indios.
Además el incremento de la actividad de hacendados, saladeros curtiembres y exportadores había hecho desaparecer la hacienda sin dueño, y la tradicional costumbre de carnear vacunos ajenos –admitida años atrás- ya configuraba un delito.
Esta época de decisiva transformación constituyó el comienzo de la era del gaucho perseguido, figura que encontraría su reflejo literario prominente en El gaucho Martín Fierro, la clásica obra de José Hernández (1834-1886).

Se desatan polémicas entre los que emitían opiniones al voleo, al sostener que los gauchos eran “semi delincuentes, vagos malentretenidos”, que contrataban con los mejor informados, que los consideraban víctimas de ideas “importadas” basadas en “el proyecto de organización nacional”.

De todas formas, es indudable que así como el nacimiento del gaucho se explica por las condiciones reinantes en el Río de la Plata hacia el siglo XVI, su ocaso también responde a los condicionamientos de la economía que se modificaba sustancialmente con el paso de los años.
De este modo, culminaba el proceso que venía prefigurándose.
En 1815 el gaucho tiene ante sí una alternativa ineluctable: incorporarse a las modernas faenas rurales o, en su defecto, a la marginación por la pérdida de todo espacio social, una huída incesante de la autoridad, guarecerse en terrenos bajos, en la periferia semisalvaje, o al riesgo de ser enganchado por la leva para llevarlo a los fuertes de las fronteras. (Y sigue la ingratitud de nuestros gobernantes de usar al gaucho como freno contra los indios).
Éstos fuertes eran avanzadas militares de enrolamiento quinquenal forzado, en los que debían defender y extender los límites de la civilización frente a la resistencia de las poblaciones indígenas, cuyos cruentos asaltos a estancias y poblaciones (llamados“malones”), obstaculizaban el crecimiento del país.
Paralelamente, y como tantas veces en la historia, la casualidad y constancia    marcaron un hito transformador, verdaderamente revolucionario.
Desde los iniciales intentos civilizadores en el Plata, los gobernantes y los hacendados tenían honda preocupación por hallar un sistema efectivo para delimitar las parcelas rurales y resguardar el ganado: zanjas y cercos vivos de plantas no resultaban soluciones ciertas, y la clave fue hallada al azar por el inglés Richard B. Newton, residente en Buenos Aires con su esposa y 15 hijos. A principios de 1844 viajó con dos de sus hijos a Gran Bretaña para ocuparse de la educación de ellos. El año siguiente, en un paseo ocasional por el estado de Yorkshie, pudo observar una manada de ciervos cercada por gruesos alambres. Entusiasmado tomó la idea, adquirió los materiales necesarios para su campo y los hizo remitir a la Argentina a bordo del velero Jonathan Félix, pero el navío naufragó durante la travesía oceánica.
Ese fracaso no amilanó a Newton, encomendó a la firma Readgers & Cía el envío de “100 atados de alambre de 160 yardas cada uno; 500 varillas de una pulgada y cuarto por cinco pies de alto, con siete agujeros”, mercancía que llegó al puerto de Buenos Aires a mediados de 1846.
Provisto de esos elementos Newton cercó su huerta, el parque, el jardín y los montes de su estancia “Santa María”, ubicada a 10 leguas de Chascomús, en la Provincia de Buenos Aires, con lo que inauguró el uso del alambrado en la República Argentina.
La generalización de ese sistema termina con el gaucho de antaño.
En su lugar crece otro personaje, el gaucho peón, asimilado a las estancias nuevas, se convierte en sedentario y especializado en tareas pecuarias.
Ese gaucho peón, depositario de las cualidades de su antepasado errabundo se convierte en celoso custodio de costumbres que ya no ejercita día a día. El gaucho al que las circunstancias de una época pasada lo llevaron a vivir marginado como “semi delincuente, vago y mal entretenido” desaparecía para siempre y surgía “el gaucho peón de estancia, hábil en tareas rurales”.
Ese gaucho fue el que en la provincia de Entre Ríos, daría su colaboración desinteresada a los inmigrantes europeos.

LAS FAENAS DE LA YERRA

En los tiempos de auge, la marcación de la hacienda mayor y las ceremonias consecuentes, constituían uno de los acontecimientos más importantes en la vida social del gaucho; la mayor de sus oportunidades de expansión. Porque el trabajo de marcar a los animales (mediante hierro candente con determinado dibujo registrado a nombre de su propietario) iba acompañado por las habilidades colectivas únicas; celebraciones, entretenimientos; un escenario calificado que demostraba la destreza en la ejecución de faenas  (que así no pesaban) y el remanso de la música y el baile, donde las mujeres tenían la mejor ocasión de lucimiento.

Una vez al año, durante los templados meses del otoño (abril, mayo, junio), la estancia preparaba su gran acontecimiento: la yerra. En dicho suceso el animal era volteado mediante el recurso de pialar (enlazar sus patas), y otros lo mantenían apretado contra el suelo, algunos animales machos se castran para su mejor engorde, otros pierden parte de su cornamenta para atenuar su agresividad y se les aplica el hierro candente arriba del anca, la marca complicada e indeleble geometría del símbolo del establecimiento.
Decidida la fecha en que la yerra tendía lugar, el mundo rural se aprestaba, hombres y mujeres de la estancia, vecinos de campos cercanos y gauchos de lejos, atraídos por la certeza de una buena diversión. Todos con sus mejores atavíos; ponchos de vicuña, chapeados de plata, botas bordeadas en el empeine, espuelas de grandes ruedas, lazos trenzados con 24 tiras de cuero y cuanta prenda lujosa esperaba esa inigualable ocasión.
Después de apartar los animales destinados al asado, mientras el fogonero calentaba las marcas y afilaba las tijeras de descornar otros instrumentos para las delicadas funciones quirúrgicas, el ganado sin marca era llevado al corral, y a la orden que impartía el patrón, los pialadores (que arrojan sus lazos a las patas delanteras del animal y los enlazadores (que hacen caer la cuerda en las astas o el cuello del animal) comenzaba su tarea.
Algunos a pie, otros a caballo, pialadores y enlazadores dejaban caer sin falla el lazo sobre la presa elegida ante rodeados público entusiasta, que, con gritos que sonaban como aplausos, premiaban las más espectaculares maniobras ante la fiera resistencia de los animales. El corral se convertía en el centro de la atención,
ámbito ideal para demostrar su maestría en el uso del lazo y en la tarea de sujetar al animal contra el suelo para aplicar las marcas candentes, la tijera descornadora y la herramienta para castrar. En pocos segundos las bestias eran devueltas a sus fuerzas, ya marcadas, los terneros castrados, otras con parte de sus cornamentas mutiladas.
El corral representaba el principal núcleo de la actividad, pero no faltaban otros sitios complementarios como el ombú que ofrecía su sombra propicia para sentarse a tomar mate y la presencia de una gimiente guitarra, a cuyos sones, parejas de toda edad dibujaban las rítmicas figuras de las danzas típicas de la pampa. Un poco más allá, un terreno despejado permitía la rápida preparación de la cancha de taba (juego en el que se arroja al aire un astrálago de vaca y, según como se posa, el tirador gana o pierde), y el hueso decidía la suerte de los jugadores.

UN MARCO DE FIESTA

La yerra, cuya duración dependía de la cantidad de animales a marcar (5, 10, 15 días o más), hacía posible asimismo otros entretenimientos, entre ellos, la doma de algún potro, momento en que el gaucho volcaba su máxima sapiencia y todo su prestigio, dominando al animal después de una lucha obstinada sobre su lomo arqueado (quizá no exista menor narración de la doma gauchesca que la narrada  por Ricardo Güiraldes en su novela Don Segundo Sombra).
Otro juego era la corrida de sortijas. En un tramo de 200 metros, loos jinetes competían en habilidad tratando ensartar la sortija con un pequeño palito mientras pasaban a toda carrera debajo del arco en que aquella estaba suspendida.
Otro entretenimiento eran las carreras “cuadreras” (denominadas así porque la distancia se determinaba en cuadras), en las que no sólo se medía la habilidad del caballo, sino también la capacida del jinete, que otorgaba o recibía ventajas, según el caso, para que la juesta fuera competitiva, frente a la ansiosa expectativa de los apostadores.
Era ocasión, a la vez, en particular durante la noche, para el lucimiento de los payadores, esos auténticos trovadores de las pampas cuyos versos, generalmente en contrapunto o desafío, reflejaban el ingenio y la tradición populares.
La aparición de los payadores en las llanuras del Plata se produjo a fines del siglo XVIII; sus cantos improvisados tenían como tema la vida cotidiana del hombre de la región, sus avatares, sus goces y desdichas, así como su participación en las campañas militares.
El encuentro de dos de estos cantores-cronistas, daba lugar a clásicas “payadas” que, primitivamente en décimas, más tarde en sextinas y octavillas, y en la última frase en cuartetas, improvisaban alternativamente durante horas, hasta que uno de ellos no hallaba respuesta inmediata a la intervención de su oponente.
Este personaje relevante del panorama pampeano encontró su momento literario en las estrofas del Santos Vega el Payador, admirable descripción en octosílabos de la vida del gaucho en el siglo XVIII, escrita por Hilario Ascasubi (1807-1875).

DE AYER Y DE HOY

En la pampa argentina actual, la yerra sigue cumpliendo con el marcado de las crías, el descornado, el castrado de los terneros destinados a ser novillos y otras necesidades inherentes a la producción ganadera.
Actualmente los bretes, pasillo de tablones de madera, en los que se hace entrar a los animales, cruzándoles un madero por delante y otro por detrás, se inmovilizan para hacer con ellos las tareas inherentes a la producción ganadera.
Quienes tuvimos la oportunidad de presenciar las yerras, o ser partícipes de ellas, quedamos expuestos a sentirnos invadidos por la nostalgia.
Empero, al calor de las tradiciones, muchas cosas perduran del ayer remoto.
Una jineteada nos hace recordar la doma, la destreza sigue intacta, como el lujo en los aperos. Esas lejanas yerras se resisten a ser olvidadas.

                * * *                 oscarpascaner.blogspot.com
                      
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ALMUERZO CHICO

Imbuído del intenso sentimiento de argentinidad que vive en mí, me hizo evocar vivencias del lejano diciembre de 1941, cuando mi hermano y yo pasamos todo ese mes en la chacra de nuestros tíos León y Manuela. 
Mi tío había contratado a tres criollos agauchados para levantar la cosecha. Ellos y Fausto, el mensual de mi tío, tocaban la guitarra y cantaban temas tradicionales que exaltaban el coraje gaucho en las guerras por la independencia y temas que eran emblemáticos de la tradición del gaucho entrerriano.
Mi admiración hacia ellos hacía que deje mi cama en las madrugadas cuando los oía en la cocina preparando "el almuerzo chico", el desayuno que consistía en comer asado y después, tomar mate cocido con galleta. 
Ese recuerdo fue tan intenso que me llevó a desayunar un "almuerzo chico".
Puse a asar una tira de asado y tomé mate cocido con galleta de grasa.
Y los recuerdos volaron evocando a los gauchos entrerrianos que -según relata Martiniano Leguizamón en su obra "Montaraz"- y continúa su relato descriptivo: 
"De aquella época caótica, de instintos sanguinarios y cóleras insaciadas, en que ardía el fuego de la guerra santa y grande, surgiría más tarde, purificada por una inmensa ola de sangre, la obra de la revolución y de la independencia, que los caudillos campesinos sustentaron en la hora terrible de la anarquía y de la zozobra, cuando los hombres del Directorio de 1811 andaban solicitando ante las cortes extranjeras un monarca para el Río de la Plata, con su altanera protesta en que palpitaba el espíritu de la resistencia nacional.
Fueron los hombres de los campos, los gauchos montaraces, el factor primordial de la nueva patria que nacía entre estridores de batalla; paladines caballerescos y aventureros de un derecho que no comprendían quizás en su amplia significación sus cerebros ineducados, pero que sentían firmemente arraigado en sus corazones, porque les venía como una emanación del medio ambiente, como un mandato del instinto popular, que les despertaba las ansias febriles de ser libres, libres como la naturaleza que les rodeaba, como el desatado pampero, como la cruda luz que asoleaba las campiñas natales, como los ríos caudalosos donde abrevaban sus fogosos caballos de pelea.
Pensando en el coraje de los gauchos entrerrianos evoqué al gaucho Rivero, nacido en Concepción del Uruguay. Fue peón de campo rioplatense en la Islas Malvinas. Lideró el alzamiento contra la ocupación británica de la Islas Malvinas en 1833.

                                                       * * *              loscuentosdeoscarpascaner.blogspot.com.ar

viernes, 17 de julio de 2015

9 de JULIO de 2015

9 de JULIO de 2015 

Los festejos del 9 de Julio de 2015 comenzarán al mediodía con locro y empanadas en el local acostumbrado, -anunció el organizador del mismo, y agregó- actuará un buen charanguista y el conjunto La Lija.
  - Considero oportuno que, después de cantar el Himno, Paulita Longobardi en violín y Leandro García en guitarra, interpreten el tango 9 de Julio, y que su letra, de hondo contenido patriótico, sea cantada por Walter Menta. -sugerí, ya que el repertorio del charanguista y del conjunto La Lija eran ajenos a la argentinidad.

El martes 7 de julio, mediante llamado telefónico, le recordé al organizador del acto patriótico mi propuesta. De ser aceptada se la comunicaría a los intérpretes para que la ensayen los músicos con el cantor.
La ambigua respuesta evidenciaba que no le interesó. 
Entonces molesté telefónicamente al propietario del local de comidas en el que se realizaría el festejo. Con su habitual cordialidad dijo que Clarita se ocupaba de eso y me dio el número de celular de la dulce Clarita, quien conoce muy bien las aptitudes musicales de Paulita en el violín, de Leandro en la guitarra, y la excepcional voz de Walter Menta. 
  - Oscarcito, ya está todo organizado, no puedo modificar el programa.
  - Clarita, 9 de Julio tiene una letra de hondo contenido patriótico, su interpretación no demora ni tres minutos. 
  - Lo siento, lo dejamos para otra oportunidad.

Con bastante anticipación a la hora programada llegué al local en que servirían locro y se desarrollarían los actos programados vestido con mi mejor traje negro y la escarapela argentina, como acostumbrábamos en mi pueblo entrerriano, lucir la escarapela en los días patrios.  
Observé a cada uno de los que iban llegando al local, todos vestían ropas de las que llamamos de entrecasa, sin la escarapela patria.
Me sentí como sapo de otro charco. Recordé que Buenos Aires no quería unirse a los "ranchos del interior" -según la expresión de Bartolomé Mitre en la batalla de Pavón, por la que Urquiza ordenó retirada no obstante ya tener ganado ese encuentro.    
Recordé que Buenos Aires no envió representante al Congreso de Tucumán para firmar el acta de Declaración de la Independencia... y que los sucesivos Gobiernos seguían ninguneando a las provincias del interior, lo que provocaba una emigración interna hacia Buenos Aires y sus suburbios porque aquí hallarían trabajo y estudios superiores para sus hijos... Vinieron a mi los documentales en que centroamericanos viajan en los techos de los trenes, con la ambición de llegar a los Estados Unidos... el amargor en la boca me impidió apreciar el sabor del locro.
Cuando ví al charanguista, dos horas después colgar en el atril la bandera de los pueblos originarios paseé mi mirada por el local buscando la bandera argentina... y no la hallé.  
A las 14 horas cantamos el himno, no con la solemnidad de mi pueblo entrerriano, me pareció uno de los cánticos de las barras futboleras alentando a su equipo. 
Hubo un espacio de tiempo vacío en el que había tiempo de sobra para interpretar el tango patriótico 9 de Julio. - ¿Qué habrá pensado Clarita por negarme los tres minutos que duraría su interpretación? 
El charanguista colgó en uno de sus atriles la bandera de los pueblos indígenas. 
Instintivamente paseé la vista por el entorno buscando nuestra bandera argentina, pero no la hallé.
El charanguista con sus acompañantes ejecutó música del altiplano.
Los buenos músicos, y buenos cantantes, que integran el conjunto "La Lija" nos deleitaron con canciones de los republicanos españoles que lucharon contra las fuerzas del dictador español Francisco Franco, pero ninguna argentina.

Desde mi idiosincrasia provinciana me surgió una reflexión: Aparentemente, el sentimiento de argentinidad es más intenso en el interior de nuestro país. 

Un mes y medio antes, el 25 de Mayo de este 2015, había asistido a los festejos patrios en mi pueblo entrerriano. Allí sigue vigente el fervor patriótico inculcado en nuestra niñez y que conservaremos hasta el último aliento de nuestras vidas. 
Gran profusión de banderas argentinas en los frentes de las viviendas, en el mástil de la Plaza 25 de Mayo. Los estudiantes de la escuela primaria ingresaron a la plaza portando una larga y ancha bandera argentina. Otra, igualmente extensa portaban los estudiantes del Colegio Secundario y otra, los chicos deportistas. 
Al palco de las autoridades locales lo rodeaba en sus laterales y en el fondo una ancha y extensa bandera argentina. 
Allí, entre las autoridades del pueblo, se encontraba el vice Intendente, mi fraternal amigo de la infancia Juancho Saldivia, con sus 85 años, vestido con traje azul, blanca camisa, corbata y zapatos negros bien lustrados, luciendo la escarapela como todos.  
¡Con qué intenso fervor patriótico entonamos nuestro Himno!

A través de las lágrimas que permanecían colgadas de mis pupilas, alcancé a ver el grupo de hombres vestidos con prendas gauchas, quien lo encabezaba portaba nuestra enseña patria. ¡Cómo no ir a estrechar sus manos si ellos representan a los gauchos que dieron su sangre en las luchas por nuestra independencia!  

Desde días antes el Diario El Pueblo de Villaguay, cabecera del departamento en el que se halla Domínguez, mi pueblo natal, anunciaba los festejos de ese día patrio y durante los tres números posteriores a ese patriótico acontecimiento, publicó notas sobre ellos con gran profusión de fotografías. Es indudable que su Directora, señora María José Surra, lleva en su sangre el sagrado orgullo de la argentinidad que parece más intensa en nuestra provincia entrerriana.

Para quienes desconocen la letra del tango patriótico que pretendí incorporar al programa de festejos, transcribo su letra: 

  
TANGO PATRIÓTICO NUEVE DE JULIO         Letra de Eugenio Cárdenas
   
Mientras los clarines tocan diana / y el vibrar de las campanas
repercute en los confines, / mil recuerdos a los pechos
los inflama la alegría / por la gloria de este día que nunca se ha de olvidar. 

Deja, con su música, el pampero / sobre los patrios aleros una belleza que encanta. 
Y al conjuro de sus notas las campiñas se levantan 
saludando, reverentes, al sol de la Libertad.

Brota, majestuoso, el Himno / de todo labio argentino.
Y las almas tremulantes de emoción, / a la Patria sólo saben bendecir
mientras los ecos repiten la canción / que dos genios han legado al porvenir.
Que la hermosa canción / por siempre vivirá al calor del corazón.

Los campos están de fiesta / y por la floresta el sol se derrama,
y a sus destellos de mágicas lumbres, / el llano y la cumbre se envuelven de llamas.
Mientras que un criollo patriarcal / narra las horas de las campañas libertadoras,
cuando los hijos de este suelo americano / por justa causa demostraron su valor.

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martes, 9 de junio de 2015

GOBIERNOS MILITARES

GOBIERNOS MILITARES       
                                                           Relato condensado de la Historia de la Argentina Director Félix Luna.

Mi hermano Guillermo nació el 19 de agosto de 1928 y yo, el 28 de agosto de 1929, en la época que Hipólito Irigoyen fue Presidente de la Nación Argentina. 
En 1929 triunfó Adolfo Hitler en Alemania y se fortalecieron los totalitarismos en toda Europa motivando una tensión que provocaría la Segunda Guerra Mundial. 

Los argentinos de esa época, enraizados en las tradiciones políticas nacionales tuvieron mayor o menor afinidad con las dos facciones en pugna en el escenario internacional. Los que simpatizaban con los países Aliados, que lucharon contra los regímenes totalitarios de Alemania, Italia y Japón, llamados Eje o Ro-ber-to, por las tres primeras sílabas de las capitales de Italia, Alemania, Japón.

"Aliados" fue la denominación que usaron en la primera guerra mundial en la que el Reino Unido, Francia y Turquía enfrentaron a Alemania, Austria-Hungría, Bulgaria y Turquía. Triunfaron los Aliados. 
Turquía (Imperio Otomano) perdió su soberanía sobre el territodio llamado Palestina. Por disposición de la Alianza de las Naciones la región denominada Palestina quedó administrada por Gran Bretaña. 

Nuestro país, consolidado como república en 1880, ya gozaba de una democracia ampliada desde 1912 por la Ley del sufragio universal entre 1916 y 1930, dependía para su crecimiento del equilibrio entre sus instituciones políticas y de exportaciones de productos primarios: carne, trigo, maíz, girasol, lino y otros granos.  
La crisis económica de 1929 cerró los mercados tradicionales del país y afectó ese equilibrio. Muy pocos pudieron entenderlo así. Desde entonces fueron más las demandas al sistema político que las propuestas de soluciones de fondo.

El jefe de la revolución que derrocó a Yrigoyen, el General Conservador José Félix Uriburu, admirador de HitIer,  asumió la presidencia provisional en 1930. 
Ese golpe militar, gestado por una fracción del Ejército y por una parte de la opinión civil que acusaba a Yrigoyen de incapacidad de resolver la crisis internacional. 
El golpe fue convalidado por la Corte Suprema de Justicia de la Nación. 
La acordada de esa Corte, si bien advertía que debía mantenerse la supremacía de la Constitución, debilitó nuestro sistema político.

El General Uriburu, admirador del militarismo alemán y su carácter jerárquico, había participado en política en filas del Partido Demócrata Nacional (o Conservador). 
El Genral José E. Uriburu gobernó rodeado por políticos conservadores bonaerenses y nacionalistas dispuestos a modificar la Constitución copiando el modelo italiano corporativo fascista. 
José Félix Uriburu carecía de peso suficiente para imponer lo que se proponía. 
Su posición se debilitó cuando en las elecciones de la Provincia Buenos Aires triunfaron los radicales.

El General Agustín P. Justo, jefe militar de prestigio, estaba decidido a convertirse en Presidente constitucional, y, con ese objetivo supo tejer una base política amplia, una concordancia de conservadores, antipersonalistas y socialistas independientes separados del tronco partidario. 
La fórmula Radical, cuyo candidato era nada menos que el ex Presidente Marcelo T. de Alvear (calificado como el mejor Presidente que tuvo la Argentina) fue proscripto por el Gobierno de facto. Eso allanó el camino a Agustín P. Justo que llegó a Presidente para el período de 1932 a 1938. Gobernó dictatorialmente con el apoyo conervador del Ejército. 
En varias provincias se cometieron vergonzosos fraudes, no obstante ello, en la emblemática Córdoba, en 1935, ganó el radicalismo.
Durante su presidencia Agustín P. Justo no pudo remontar la crisis que paralizaba al país y provocó el cierre de industrias y el abrupto descenso en la renta agraria.
El desempleo y la pobreza llegaron a extremos intolerables.    
Entre 1930 y 1943 hubo gobiernos conservadores que muchas veces, recurrieron al fraude para ganar las elecciones. 
Durante la presidencia de Justo se firmó el pacto Roca-Runciman, sobre el comercio de carnes entre Argentina y el Reino Unido. 

En esa época, Carlos Saavedra Lamas, medió exitosamente en el conflicto armado entre Bolivia y Paraguay. Eso le valió la adjudicación del Premio Nobel de la Paz.   

Roberto Mario Ortiz asumió la Presidencia de la Nación en 1938. 
Durante su gestión, trató de terminar con las prácticas fraudulentas; intervención las provincias de Buenos Aires y Catamarca. Esa iniciativa no la continuó su sucesor, el vice Presidente conservador Ramón S. Castillo que asumió la Presidencia de la Nación Argentina en 1942 por problemas de salud de Ortiz, que murió poco después.

Los xenofóbos y conservadores de mi pueblo se hicieron nazis, no así quien fuera el caudillo conservador, don Pascual Martínez, buena persona, culto y formal, que solía criticar el totalitarismo de Franco y apoyaba la lucha de los republicanos. 

El 3 de junio de 1943, el Ministro de Guerra Pedro P. Ramírez, le pidió al Presidente Castillo que no apoye la candidatura al conservador Robustiano Patrón Costas para las próximas elecciones presidenciales. Castillo se negó. 
Esa negativa hizo que el día siguiente las tropas al mando de Pedro P. Ramírez avanzaran desde Campo de Mayo hacia la Casa de Gobierno. 
El Presidente Castillo dejó la Casa Rosada y se refugió en un buque de la Armada. 
Presentó su renuncia en La Plata.  

LA GUERRA MUNDIAL LLEGÓ AL RÍO DE LA PLATA


A tres meses del estallido de la Segunda Guerra Mundial el acorazado alemán "de bolsillo" Graf Spee viajó hasta el Río de la Plata en busca de barcos mercantes ingleses, frecuentes en los puertos de Buenos Aires y Montevideo porque los frigoríficos de capitales ingleses instalados en Argentina les proveía gran cantidad de corned beef, con el que los ingleses alimentaban a sus soldados.
Ese acorazado era muy buscado por haber hundido quince barcos enemigos. 
Al finalizar las 48 horas de permanencia en el puerto de Montevideo, conforme a las normas internacionales, dejó ese puerto neutral. La pericia del capitán del Graf Spee, Hans Langsdorff, no pudo eludir a los buques ingleses Ayax, Exeter y Achiles. 
El capitán ordenó a sus marinos ponerse a salvo en los botes salvavidas y dirigirse a Buenos Aires.  
Langsdorff voló el acorazado, que terminó hundiéndose.    
Ese acontecimiento ocurrió el 13 de diciembre de 1939. 
Habitantes, fotógrafos y camarógrafos de Buenos Aires y Montevideo observaron desde ambas orillas del Río de la Plata para fotografiar y filmar esa batalla naval.  
Los marinos del Graf Spee llegaron sanos y salvos a Buenos Aires, donde durante un tiempo permanecieron detenidos bajo la tutela del Gobierno argentino. 
Posteriormente los trasladaron a Villa Calamuchita, un pueblo a 90 kilómetros de la ciudad de Córdoba, otorgándoles una asignación mensual. 
Las autoridades de esa villa la embanderaron el 8 de julio para conmemorar el día siguiente un nuevo aniversario de la Declaración de la Independencia. 
Varias de esas banderas aparecieron quemadas el día patrio. 
Considerando que los ex marinos nazis acosaban a las lugareñas haciendo alarde de su vida disipada (gracias a la inmerecida subvención del Gobierno argentino), originando disputas con habitantes de la villa y su costumbre de quedarse en los bares bebiendo hasta el amanecer, nadie dudó que fueron ellos los autores de esa afrenta a nuestra enseña patria en el día que se conmemoraba la declaración de la Independencia. 
Las autoridades gubernamentales no querían herir la susceptibilidad de los marinos nazis, no investigaron ese abominable hecho; se limitaron a cambiaron el nombre de esa Villa por el de Ciudad General Belgrano y dieron por cerrado ese episodio.

Desde mi profundo sentimiento de argentinidad me quedó un sabor a poco. No me gustó esa supuesta "neutralidad" que no quiso herir la sensibilidad de Adolfo Hitler.
Así fue como la benevolencia del nuestro Gobierno, General Belgrano se convirtió en un pedazo de la Alemania Nazi en la Argentina, posteriormente refugio de criminales nazis que llegaron escapando a los tribunales que, de apresarlos, serían juzgados.

Otra revolución, la del 4 de junio de 1943, organizada por un grupo de militares, sería el comienzo de una época diferente. 
En efecto, apareció un militar argentino, nacido en 1895 en Lobos, provincia Buenos Aires, que participó de ese golpe militar. 
Ese Gobierno de facto creó la Secretaría de Trabajo y Previsión. Para secretario del flamante organismo se designó a Juan Domingo Perón, quien controló la C.G.T.
En 1944 Perón fue nombrado Vice Presidente y Ministro de Guerra. 
En 1945 lo destituyeron y fue confinado en la prisión de la isla Martín García. 
Regresó triunfante poco después, gracias a la actuación de María Eva Duarte, la que luego fue su esposa.
Perón resultó victorioso en las elecciones presidenciales del 24 de febrero de 1946. 
Su bandera política fueron los proyectos de Ley propuestos por el socialista Alfredo Palacios, que los conservadores mantuvieron cajoneados.  
En esa fecha yo no votaba pero el amor a mi patria dependía de las medidas que tomaran sus gobernantes. 
A mis 16 años conocía los principios las diversas doctrinas políticas.

Conservadorismo: mantener valores y estructuras tradicionales oponiéndose a cualquier cambio.

Liberalismo: en teoría sostiene que la autoridad del estado no es absoluta y que los ciudadanos conservan una parte de autonomía que el estado debe respetar. En lo económico defiende la libre empresa oponiéndose al socialismo y al dirigismo. Sostiene que el estado no debe intervenir en las relaciones económicas que existan entre personas, clases*, o naciones. (*Clases: conjunto de personas que, por sus características o intereses comunes constituyen una unidad homogénea. Ejemplos: clase alta, media, baja, etc. (Disiento con ese punto por considerarlo discriminatorio) Mi apreciación personal fue que "Liberal" fue la nueva denominación que adoptaron los conservadores para su partido político, ya desacreditado por proscribir, sin motivo valedero, a Marcelo T. de Alvear, quien fuera el mejor Presidente que tuvo nuestro país (1922-1928) para presentarse como candidato a Presidente en las elecciones de 1932. 
Cometiendo un desfachatado fraude, dieron ganador a otro militar: Agustín P. Justo. 

* En cuanto al tema de "clases sociales" desde temprana edad mis hermanos y yo, recibimos de nuestros padres el consejo de no hacer diferencias por condición social, económica, color de piel, religión, ni otra cuestión. Nuestros compañeros de juegos fueron chicos humildes. que nos dejaron amis hermano y a mi lindos recuerdos.  Más de cincuenta niños iniciamos el primer grado y para el 2° grado se redujo a la mitad por aquello que eso de estudiar es cosa de gringos. 

RADICALISMO: Doctrina y actitud que postula eficacia y medidas drásticas para conseguir el mejoramiento de las condiciones sociales, políticas, económicas, etc. 

SOCIALISMO: Doctrina política, económica y social que propugna la propiedad y administración pública de los medios de producción e intercambio. Este movimiento político en Argentina tuvo diversos matices que lo dividieron en dos socialismos: el socialismo democrático y el socialismo argentino, cuyo gran referente fue Alfredo Palacios, el primer diputado socialista (1904), presentó importantes leyes de derecho laboral, que fueron "cajoneadas". Cuarenta años después fueron banderas de Perón y agregó otras que favorecían a los trabajadores. 

POPULISMO: doctrina política que pretende defender los intereses y aspiraciones del pueblo. (Fue una tendencia socialista del proletariado ruso que fracasó). Los países con gobiernos populistas incrementaron con sus dádivas la cantidad de ociosos y pedigüeños. Sugerían los pensantes que en vez de darle pescado al hambriento, se le suministre elementos para pescar, así él mismo conseguiría el sustento familiar. 

PERONISMO: movimiento político argentino desarrollado a partir de la llegada al poder de Juan Domingo Perón en 1946. Su carácter populista logró aglutinar a las clases obreras bajo el control estatal y al margen de las ideologías políticas.          


Yo había ingresado a trabajar en el Ferrocarril Entre Ríos en los primeros días del mes de Septiembre de 1944; consecuentemente el 1° de marzo de 1948, día en el que Perón nacionalizó los ferrocarriles, me convertí en empleado estatal. 
Nuestros dirigentes gremiales se mostraban resentidos con Perón por mantener a los ferroviarios al margen de los aumentos de sueldo que se les otorgaba a muchos otros gremios. (Arturo Jauretche, del que nadie duda su simpatía política de apoyo al General Perón, dice que nuestros salarios estaban muy por encima de los demás gremios. Eso hizo que Perón no nos tuviera en cuenta cuando disponía los aumentos de sueldo).   
Hice el Servicio Militar en el año 1950 como Aspirante a Oficial de Reserva en el Regimiento 27 de Infantería en Paso de los Libres. (Durante primera presidencia de Perón).
Egresé como Jefe de Pelotón Morteros. 
En diciembre de 1950, ya de baja, logré que me adjudiquen el puesto de Jefe de Cargas en Estación Clara, la siguiente a Villaguay en la línea del Urquiza, que unía la Capital de la Argentina con la del Paraguay.
El Boletín Mensual del Ferrocarril Urquiza, además de medidas de interés general traía segmentos del Plan Quinquenal de Presidente Perón. Diariamente destinábamos veinte minutos, al que concurrían todos los empleados de esa Estación, aún los que estaban en sus horas de descanso o de franco semanal. Uno de nosotros leía, con voz clara y potente, lo publicado sobre ese plan en el que todas las obras a realizarse estaban perfectamente justificadas por los beneficios que acarrearían, con qué recursos se haría y el tiempo previsto para su realización. Y se cumplían.
Con los años, me he preguntado por qué otros presidentes no tomaron su ejemplo de programas quinquenales de obras.   
Hubo muchos episodios durante las presidencias de Perón que los conocí a través de los cuadernillos de Historia Argentina, que, bajo la dirección de Félix Luna, fue escrito por un grupo de destacados escritores.
Trascribo textualmente algunos párrafos de un cuadernillo de "Historia de la Argentina" que refieren sucesos ocurridos en período de los años 1949 a 1955. 

"Todo gobierno prolongado suele sufrir erosiones de diverso tipo. Eso ocurrió con
el de Perón, fuertemente autoritario y centrado en la persona del líder justicialista, carente de los contrapesos institucionales que en un sistema republicano balancean responsabilidades, pagó las consecuencias de su prolongada permanencia en el poder.
... en 1951 ocurrió un episodio indicativo de falta de apreciación del Poder Ejecutivo en relación con un tema como era -y sigue siendo- la producción de energía atómica, por esos años un asunto muy misterioso, casi como de ciencia ficción.                         ... en ese momento, el monopolio de la técnica de extraer la energía de los átomos pertenecía a los Estados Unidos; la URSS había hecho estallar su propia bomba en 1949, pero poco se sabía de los adelantos soviéticos. Este tema estaba envuelto en el misterio, y lograr que la energía atómica fuera aplicada a objetivos pacíficos parecía una aspiración utópica. Por ello la estupefacción del mundo fue grande cuando el propio Presidente de la Nación Argentina anunció, el 24 de marzo de 1951, que el 16 de febrero se habían efectuado ensayos que permitieron, con pleno éxito, liberación controlada de energía atómica. Perón enfatizó que el método empleado en Argentina era totalmente nuevo. Se había desechado el de la fisión nuclear, usado entonces por los Estados Unidos, Rusia y Gran Bretaña, decidiéndose " correr el riesgo de crear un camino nuevo que condujera a superiores resultados".
El Presidente finalizó su corta exposición diciendo: - He querido informar al pueblo de la República, con la seriedad y veracidad que acostumbro, sobre un hecho que será trascendental para su vida futura y, no lo dudo, para el mundo..."

Luego habló el Profesor Ronald Richter, expresándose en alemán, su idioma de adopción. Los periodistas presentes lo acosaron a preguntas y Ritcher, por medio de un intérprete, ratificó el anuncio del Presidente Perón. 

- ¿Cómo el Presidente Perón pudo creer en ese supuesto sabio?

Esa gaffe de Perón sólo puede explicarse por su ansiedad de lograr un impacto sensacional en la opinión pública del exterior. 

A pedido del "sabio" llegado a la Argentina en 1948, se lo ubicó en la isla Huemul, en el lago Nahuel Huapi. Se adquirieron costosos equipos en Europa y Estados Unidos, se construyeron cobertizos para las usinas y un edificio para contener el reactor.
El 30 de mayo de 1950 creó, por decreto 10.936, la Comisión de Energía Atómica, dependiente de la Presidencia de la Nación, similar en su estructura y funciones a las que contemporáneamente se estaban creando en otros países. 

Finalmente, el 16 de febrero de 1951 se produjo en el reactor de la isla Huemul unas oscilaciones en detectores. Ritcher la describió como explosión atómica controlada.
Cuando Perón se enteró de lo ocurrido en la isla Huemul, no vaciló en consagrarlo como una verdad científica indiscutible. Un par de días después entregaba a Ritcher el título de doctor honoris causa. 
Éste fue el segundo doctorado que Perón otorgaba a un "científico". 
El primero le fue conferido a un "dentista" boliviano que, en 1947 atendió a Perón. Ese trabajo duró poco y Perón tuvo que hacerse una prótesis dental completa.

La caída de Ritcher fue más lenta que la del dentista de marras. 
El secretario general de la Comisión de Energía Atómica, coronel Enrique González produjo, a lo largo de 1951, informe tras informe señalando las inconsistencias de las afirmaciones del "científico". En marzo de 1952, una comisión especial aconsejó suspender todo apoyo a Ritcher. Sin embargo, físicos argentinos de reconocida solvencia realizaron una última evaluación, llegando a idénticas conclusiones: "el proyecto Huemul -es un completo fracaso-. Desde el gobierno se había impuesto un hermético silencio sobre el tema, pero los opositores hablaban del proyecto "Huele-a-mula", y cada vez que se levantaba una tribuna partidaria se recordaban las declaraciones presidenciales. Finalmente, en noviembre de 1952 se notificó a Ritcher su separación del cargo que tenía. Quiso salir del país, pero la Policía nunca le expidió el pasaporte. 
  
La ilusión atómica de Perón había costado a la Argentina no menos de cien millones de pesos. Quedaba sin embargo como una consecuencia del affaire, la Comisión Nacional de Energía Atómica que después de atravesar con relativa idemnidad los avatares políticos durante más de treinta años, lograría en 1983, el método correcto para enriquecer uranio. Algo muy diferente a los delirios de Ritcher homologados por Perón pero que, de todos modos, tiene su lejano origen en aquel paso en falso de 1951, que por un momento muy breve hizo sentir orgullosos a los argentinos por el logro científico  que habían, aparentemente, conseguido.
Muchas veces ha sucedido, en el curso de la historia de los países, que de grandes equivocaciones  surjan, con el tiempo, hechos positivos. Y éste puede ser un ejemplo válido. No porque la Comisión haya alcanzado un desarrollo notable inmediato, pero sí por las esperanzas que alimenta.
Eso demuestra que Perón tuvo aciertos y errores como cualquier ser humano. 
Desde mi pragmatismo me pregunto por qué otros Presidentes no imitaron sus planes quinquenales. Sus leyes laborales (que eran las de Alfredo Palacios que permanecían cajoneadas, pero Perón las rescató) rigen hasta hoy como conquistas de los trabajadores.
Evita ayudó socialmente entregando máquinas de coser, de tejer y otros elementos de trabajo, pero jamás repartió dinero porque sabía que las dádivas sólo sirven para crear mayor cantidad de ociosos que pretenden vivir sin trabajar y en sus discursos mencionaba la "dignidad del trabajo".  
Perón gobernó con autoritarismo militar por entender que eso debía hacer. 
La cordialidad de Alfonsín lae fue respondida con trece paros generales. 
Cuando nuestro gremio ferroviario, no recuerdo con qué motivo dispuso un paro, a cada estación ferroviaria llegó un telegrama del Presidente Perón decretando la "Movilización militar" y su juzgamiento aplicando las penas correspondientes que establece el Reglamento Militar, incluso el de fusilamiento para quienes se adhieran
al paro programado. 
Los períodos de Presidentes mansos como Frondizi, Illia o Alfonsín se vieron con dificultades para gobernar por el accionar de los sindicatos peronistas. 
A Alfonsín como le pararon el país con TRECE PAROS GENERALES. 
  - Esas medidas dañaron a Alfonsín pero más al país.

Desde mi pragmatismo, -método válido para juzgar la gestión de cada gobierno-, me pregunto - ¿Por qué los sindicatos, que el mismo Perón creo con formidable apoyo, le torcieron el brazo cuando, en su mayor gesto de sublime humildad, pretendió que su compañero de fórmula, como vice presidente, fuera don Ricardo Balbín, para cerrar la brecha que separaba a los argentinos. Perón, en su sapiencia, entendía que por sobre todo estaba PRIMERO LA PATRIA. 
La unidad del pueblo requería la unidad de los argentinos. 
Pero sus adeptos no entendieron este mensaje; se sirvieron de Perón para sus conquistas gremiales. Perón fue obligado por su masa de seguidores a que su compañera fuera su esposa María Isabel Martínez, algo que Perón no quería porque sabía de sus limitaciones para asimilar y poner en práctica sus consejos.
Así fue como la vejez del anciano estadista, la incapacidad de su vice presidenta María Estela Martínez de Perón, permitió el surgimiento de López Rega... y ya sabemos lo que pasó por siniestro accionar.

Después llegaron los que usaron los nombres de Perón y Evita para trepar. 

La luneta trasera de mi auto lució muchos años la frase: "PRIMERO LA PATRIA". Años después la cambié por: ARGENTINA TE AMO. 
La mantuve hasta el año 2014, fecha en la que le regalé el auto a mis nietos.

  - ¿Peronista? -me preguntaban con frecuencia cuando tuvo la primer frase. 
  -  ¡Patriota! -contestaba con un énfasis cerrando cualquier comentario. 


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lunes, 8 de junio de 2015

ABRANCITO

ABRANCITO                                                                                   (de mi cuaderno borrador)

El joven que instalaron en nuestra habitación dijo llamarse Abraham Schnitman.
Don Fracisco Chas lo llamó Abrancito. Lo trataba con cierto paternalismo. 
Una de las tres hijas del matrimonio Lugrén, dueños de la casa de pensión, me dijo que don Francisco estaba separado de su esposa e hijos. Eso me abstuvo saber el por qué de esa actitud hacia ese chico. Quizás le hacía recordar a sus hijos. 
A dos semanas del ingreso del joven a  su trabajo, durante uno de los almuerzos, el bueno de don Francisco lo estimuló a que contara algo de su trabajo.
  - Los clientes piden mezclando los artículos de almacén, de ferretería, de bazar, o materiales de construcción. Una mujer me pidió clavos de olor y me fui a la sección ferretería. El contador me vio revisando los cajones de los clavos y me preguntó qué buscaba, cuando le dije "clavos de olor" me dijo que están en la sección almacén porque es un condimento y agregó- enseñales a los clientes que pidan por separado lo de almacén, y después lo de otros sectores. 
  - Cuéntese algo divertido. (Don Francisco no tuteaba a nadie, ni a los nenes).
  - ¡Ah, sí! Un día vino una alemanita que no tendría más de 25 años. Me pidió una bacinilla grande. Mientras subía la escalera, las bacinillas están en el último estante, le eché una mirada para calcularle el tamaño de su trasero. y le bajé una mediana
  - ¿Está bien ésta?
  - No, quierrro una grrande.
Elegí una que tenía unos 35 centímetros de diámetro. La agarró sin envolver y se fue hasta donde está Epstein en la caja. cercó Habló al señor Epstein y al irse lo saludó con un guten morguen, bis bald. Me dijeron que es buenos días, hasta pronto, en alemán.
Cuatro y a veces cinco ganaderos vienen todos los días a lo de Blaistein y conversan entre ellos. Cuando entró la alemanita todos le prestaron atención.
Al día siguientes trajo la escupidera tapado con un mantelito y se la entregó al señor Epstein, él la pesó y me la dio para que pase la manteca a una fuente que debía poner en la heladera. Epstein pesó la bacinilla y anotó en elcuaderno de cuentas corrientes cuanto le acreditaba por su entrega. La alemanita lo saludó con otro guten morguen.
  - Le hubieras preguntado si le da un doble uso a esa escupidera -dijo uno de los ganaderos. 

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